
TENSA QUIETUD
Como todas las tardes de un septiembre
apenas estrenado,
sopla el viento del norte.
Las horas que preceden al ocaso
se enredan en los árboles
como sierpe de polvo solitaria.
Al pie de la montaña
se arrastran indolentes los minutos,
con silbo venenoso que se enrosca
en torno del castillo.
No es eterna la tarde: serpentea
el tiempo amenazante y nos acecha,
lento pero inclemente.
© Elena Felíu Arquiola, de su poemario Las palabras y los días