Esta película es la más hondamente humana y desgarradora que he visto en mucho tiempo. Explora el dolor más profundo que puede sentir seguramente el ser humano: el de una madre que sostiene el cuerpo de su hijo mientras muere, sin poder hacer nada para salvarlo.
Basada en la novela homónima de Maggie O'Farrell, dirigida por Chloe Zhao y con Jessie Buckley y Paul Mescal en los papeles principales. Maggie O'Farrell además co escribe el guión, junto con la directora.
La historia de la película fue real: es la historia de cómo William Shakespeare, la cumbre más alta de la literatura en inglés, y su mujer, Agnes o Anne Hathaway, tuvieron que lidiar con la tremenda tragedia de la muerte de su hijo Hamnet. Y cómo esa perdida se transfiguró en arte, en la tragedia de Hamlet, seguramente la obra más grande escrita por Shakespeare.
Lo más destacado de la película es la interpretación de Jessie Buckley como Agnes, interpretación que le ha valido todos los premios de la temporada, culminando con el más importante ayer mismo: el Oscar de la Academia a Mejor Actriz. La interpretación de Buckley es la más sublime y desgarradora que se ha visto en mucho tiempo. Tal vez el hecho de que ella sea madre de una bebé le ha ayudado a empatizar a un nivel profundo con la tragedia de su personaje, y así lo plasma. El grito que lanza cuando muere Hamnet no está interpretado: notamos que brota como una flor de sangre de las mismas entrañas de la actriz.
Una película que da sentido a la misma existencia del cine como expresión artística.


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