Una anécdota de Zenón de Citio, el fundador de la escuela estoica, en el prólogo de Martín Sevilla Rodríguez a su "Antología de los primeros estoicos griegos" (Akal, 1991):
Acudió, pues, a variados maestros y mostró siempre gran interés en aprender, incluso cuando él ya podía a su vez enseñar. De su agradecimiento por los saberes recogidos da cuenta Diógenes Laercio, al transmitirnos la anécdota de que, preguntándole a un dialéctico que le debía por unas enseñanzas y contestándole que cien dracmas, Zenón le dio doscientas.

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