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Blog personal de José Alfonso Pérez Martínez

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jueves, 17 de mayo de 2012

Juan Ramón Barat, "La brújula ciega"


Este es el texto que he leído hoy, 17 de mayo, para presentar a Juan Ramón Barat en el recital presentación de su libro "La brújula ciega" en la Crepería Hipotenusa (Cartagena):

Bienvenidos todos, gracias por venir.
Las biografías nos dicen que Juan Ramón Barat nació en Valencia en 1959, que ha obtenido premios como el Ciudad de Torrevieja, el Leonor, el Blas de Otero, que ha escrito poesía, narrativa, teatro, que escribe para mayores y para chavales, que ha traído a nuestros días los personajes de Plauto.
Nos dicen las biografías que Juan Ramón es licenciado en Filología Clásica y en Filología Hispánica, que imparte clases de lengua en un instituto de Lorca, que es esposo y padre. Las biografías, las declaraciones que sobre su vida y obra adornan las solapas de sus libros, nos hablan del hombre, pero no nos dicen mucho del poeta que en él vive, para eso hay que sumergirse en sus poemas. Nos encontramos entonces un poeta que dialoga con el pasado, con la imagen de su padre; que como Valéry es inspirado por un cementerio junto al mar; que dialoga a través del tiempo con el ser que hoy es sólo un fósil o con el hombre que fabricó una antigua ánfora. Un poeta que retoma el "carpe diem" ante los huesos de un guerrero o ante una playa desierta de bañistas.
El tiempo es el protagonista del libro que Juan Ramón Barat nos presenta hoy. Versos como "cuántos granos le quedan a tu reloj de arena" nos traen a la memoria versos de otros grandes poetas, como aquellos de Kavafis en los que los días son una hilera de velas que se van consumiendo.
En otros, como los del poema "La inutilidad del verbo", presenciamos la lucha del poeta para hacer eterno, mediante el lenguaje, lo que es inevitablemente perecedero, el instante hermoso. Lucha que si no logra eternizar ese instante sí que logra plasmarlo transmitiéndonos su belleza, como vemos en otros poemas como "Vuelo sostenido" o "Río de Albarracín".
Es un libro este realizado a partir de la meditación y de la contemplación, un libro repleto de la auténtica poesía que deja en el alma del poeta el transcurso de los seres, la luz de los atardeceres, su triste y perecedera belleza.

© José Alfonso Pérez Martínez

sábado, 28 de abril de 2012

Recital de Juan Ramón Barat


Cristina Hércules y yo tenemos el honor de invitaros, será la presentación en Cartagena de su libro "La brújula ciega". El recital tendrá lugar en la Crepería Hipotenusa, el 17 de mayo a las 19 horas. 


jueves, 19 de mayo de 2011

LOS MISERABLES

El poeta Juan Ramón Barat nos ha enviado a unos cuantos este texto sobre ciertas ratas, autorizándonos a divulgarlo. Leed, leed:

LOS MISERABLES


Van vestidos con chalecos y cascos reflectantes y llevan una bolsa con botes de pintura o sprays. Forman grupos de cuatro o cinco individuos. La gente de Lorca los ve recorrer las calles, sorteando escombros, pisoteando cascotes, vadeando cintas y vallas que prohíben el paso.

Lorca, asolada por varios terremotos, parece una ciudad bombardeada y estos hombres del chaleco van catalogando los diversos grados de la catástrofe. Como si marcaran en un estadillo el número de ilesos, heridos, muertos y desaparecidos en una guerra macabra –valga la redundancia-. Lo indican con colores: verde, amarillo y rojo. Los del ejército (Unidad Militar de Emergencia) son unos verdaderos ángeles caídos del cielo, aunque no lleven alas y vistan de negro, porque se están dejando la piel en la tarea, arriesgando su vida al entrar en las casas que pueden venirse abajo de un momento a otro. Cuando se topan con el infierno de lo irremediable, le ponen un matiz fúnebre al asunto del cromatismo: pintan directamente con un círculo negro, que significa más o menos lo que el mismo color sugiere: pozo negro o cataclismo integral o muerte súbita.

Los hombres del chaleco reflectante o los del UME, decíamos, recorren la ciudad con los botes de pintura y marcan una cruz o un círculo en las fachadas o junto a las puertas de los edificios y las casas. La gente los rodea, los sigue, acecha sus movimientos, habla con ellos con el corazón encogido, el alma en vilo, los ojos al borde de las lágrimas, porque del color de la cruz o del círculo depende el nivel de la desgracia. Se puede entrar en la casa sin problemas, aunque haya desperfectos (verde); se recomienda no entrar o entrar con mucho cuidado, pero salir enseguida (amarillo); no se puede entrar porque las estructuras del edificio han sido gravemente dañadas y hay peligro de derrumbe (rojo); se prohíbe el paso, este edificio va a ser demolido en breve (negro).

Lo curioso del caso es que muchísimos de los edificios coloreados de rojo o negro son de reciente construcción. Como suena. Estamos hablando de uno, dos, tres, cuatro o cinco años de antigüedad. Algunos, incluso, aún no han comenzado a ser habitados.

El terremoto de 5,1 grados habido en Lorca a las 18:50 h. el pasado miércoles, día 11 de mayo, ha dejado al descubierto las miserias no sólo de los edificios sino de los arquitectos, ingenieros, constructores, maestros albañiles, contratistas, promotores y otros personajes del mundo del ladrillo, que nos han dado gato por liebre. No sé si el lector me estará entendiendo. En vez de poner 1.000 kilos de hierro para sujetar la estructura estos miserables han empleado 500 kilos. En vez de colocar hormigón o cemento armado, han usado arena tonta. Y así sucesivamente. Pero no contentos con esa estafa, se dedicaban a vender esos pisos treinta veces más caros de lo que a ellos les costaba. Dicho de otro modo, un piso podía costarle al constructor entre 50 ó 70.000 euros aproximadamente. Pues bien, los vendían por 240, 250, 260 ó 270.000 euros, céntimo arriba, céntimo abajo, según cómo y dónde, en las fechas en que fueron puestos a la venta. Es decir, en los años de las vacas gordas, previos a la gran crisis actual. Que el lector saque sus conclusiones.

Estos indeseables que se han dedicado a llenarse el bolsillo robando e inflando el mercado inmobiliario, conchabados con los banqueros y otros alienígenas corruptos de los que hablaremos otro día, son los responsables de la burbuja especulativa y de la bancarrota económica y moral en la que estamos sumidos. Pero no sólo eso. Como digo, el terremoto ha puesto al descubierto las miserias de los edificios de paja que estaban construyendo. Por si el lector no lo sabe, un edificio debe ser capaz de soportar el achuchón de un terremoto de unos 7 grados en la escala Richter. Y estos no han aguantado ni uno de 5,1.

¿Quiénes son estos constructores, promotores, ingenieros o arquitectos? Lorca no es tan grande. Pueden contarse con los dedos de las dos manos. Todo el mundo los conoce. De hecho, algunos cometieron la osadía de colocar una placa con su nombre junto a la puerta del edificio donde ahora los hombres del chaleco reflectante y los del UME han dibujado un círculo rojo o negro.

Estoy convencido de que si el célebre Víctor Hugo, uno de los más grandes escritores de todos los tiempos, saliera de su tumba, no dudaría en utilizar todo este material (de derribo y humano al mismo tiempo) para acometer la segunda parte de su famosa obra Los miserables.

Espero que esto no se quede en agua de borrajas, que es lo que suele suceder siempre en este país. Tal vez no sea una mala idea que los propios afectados, esos hombres y mujeres que han visto desmoronarse brutalmente su casita de papel –perdón por la metáfora-, acudan a los tribunales y presenten las demandas pertinentes para que se depuren responsabilidades civiles y penales. En algún lugar tiene que haber un juez dispuesto a hacer justicia –lamentablemente la frase no es un pleonasmo-. Estos miserables deben ser juzgados, y no sólo por lo sucedido sino también por todo lo que podía haber ocurrido. Porque si el terremoto hubiera dado un arreón un poquito más fuerte, sin necesidad de llegar a la magnitud de los 7 grados, Lorca no sería hoy una triste ciudad en ruinas. Sería un inmenso cementerio en ruinas.



Juan Ramón Barat

Escritor independiente


www.juanramonbarat.com


18 de mayo de 2011


Nota al margen: Bien escrito está lo que denuncia el amigo Barat. Pero es que, además, ha saltado la noticia de cierto constructor, que merecería el premio al miserable entre miserables, que pinta el simbolito verde en sus edificaciones, borrando los símbolos amarillos o negros que los ingenieros militares o los técnicos municipales les adjudican. La noticia: UN PROMOTOR MARCA DE VERDE SUS PROPIAS CASAS.



viernes, 4 de marzo de 2011

ANFITRIÓN


El día 17 de marzo el Anfitrión de Plauto, en la versión realizada por el poeta Juan Ramón Barat, llega al Teatro Circo de Cartagena. Será a las 21:30 horas. Un rato muy divertido por sólo 10 o 15 €.


jueves, 21 de octubre de 2010

Un poema de Juan Ramón Barat




ANOCHECER EN SAN JUAN DE LOS TERREROS

Como un lienzo de bruma
la tarde se disuelve.
Huye la claridad
por los desfiladeros del crepúsculo
y en el cielo zozobra,
codiciosa de luz,
nuestra postrer mirada.
Crepitan en el pecho entonces las preguntas.
Ese oscuro fulgor que taracea
las estrías del aire,
¿de qué mundo secreto nos excluye?
¿Qué mordaza de sombra
es la noche, y por qué, para la luz?

© Juan Ramón Barat, del poemario La brújula ciega




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