Por estar contigo

Blog personal de José Alfonso Pérez Martínez

"Estas líneas escribo,
únicamente por estar contigo"
(Luis Cernuda)

viernes, 20 de enero de 2017

"La música de Marie", de Usamaru Furuya


Esta obra es un cómic, pero también es una de las obras más bellas y profundas (en la indagación de la naturaleza y destino del hombre) que he leído, en cualquier género, en los últimos tiempos. En un solo tomo autoconclusivo de unas 500 páginas se cuenta la historia de Kai, un muchacho muy especial, y de su amiga Pippi, en un mundo, Pirito, parecido al nuestro, pero misteriosamente transfigurado gracias a la música de Marie, una diosa que sobrevuela el mundo. Como dice el autor en el breve epílogo, yo también querría, muchas veces, que existiera una música de Marie que nos hiciera más amables y comprensivos, aunque ello nos costara nuestro progreso y gran parte de los avances de nuestra civilización.

Altamente recomendada para quienes amen las obras bellamente ilustradas cuyo valor resida no sólo en la hermosura de las imágenes, sino en la hondura y pertinencia de su mensaje.




lunes, 16 de enero de 2017

Tres romances



El maestro de filólogos Ramón Menéndez Pidal, de quien también tengo Los godos y la epopeya española: chansons de geste y baladas nórdicas, publicó en 1928 Flor nueva de romances viejos, una excelente antología de estas composiciones poéticas, casi siempre anónimas, muy populares a finales de la Edad Media y principios de la Moderna, y creadas para ser cantadas por los trovadores. De esta antología rescataré, como ejemplos, tres de los romances más famosos que existen.


ROMANCE DE LA JURA EN SANTA GADEA

En Santa Gadea de Burgos
do juran los hijosdalgo,
allí toma juramento
el Cid al rey castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo.
Las juras eran tan recias
que al buen rey ponen espanto.
—Villanos te maten, rey,
villanos, que no hidalgos;
abarcas traigan calzadas,
que no zapatos con lazo;
traigan capas aguaderas,
no capuces ni tabardos;
con camisones de estopa,
no de holanda ni labrados;
cabalguen en sendas burras,
que no en mulas ni en caballos,
las riendas traigan de cuerda,
no de cueros fogueados;
mátente por las aradas,
no en camino ni en poblado;
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados;
sáquente el corazón vivo,
por el derecho costado,
si no dices la verdad
de lo que te es preguntado:
si tú fuiste o consentiste
en la muerte de tu hermano.
Las juras eran tan fuertes
que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero
de los suyos más privado:
—Haced la jura, buen rey,
no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor,
ni Papa descomulgado.
Jura entonces el buen rey
que en tal nunca se ha hallado.
Después habla contra el Cid
malamente y enojado:
—Mucho me aprietas, Rodrigo,
Cid, muy mal me has conjurado,
mas si hoy me tomas la jura,
después besarás mi mano.
—Aqueso será, buen rey,
como fuer galardonado,
porque allá en cualquier tierra
dan sueldo a los hijosdalgo.
—¡Vete de mis tierras, Cid,
mal caballero probado,
y no me entres más en ellas,
desde este día en un año!
—Que me place —dijo el Cid—.
que me place de buen grado,
por ser la primera cosa
que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno
yo me destierro por cuatro.
Ya se partía el buen Cid
sin al rey besar la mano;
ya se parte de sus tierras,
de Vivar y sus palacios:
las puertas deja cerradas,
los alamudes echados,
las cadenas deja llenas
de podencos y de galgos;
sólo lleva sus halcones,
los pollos y los mudados.
Con el iban los trescientos
caballeros hijosdalgo;
los unos iban a mula
y los otros a caballo;
todos llevan lanza en puño,
con el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas
con borlas de colorado.
Por una ribera arriba
al Cid van acompañando;
acompañándolo iban
mientras él iba cazando.


ROMANCE DEL PRISIONERO

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.


ROMANCE DE ABENÁMAR

—¡Abenámar, Abenámar,   moro de la morería,
el día que tú naciste   grandes señales había!
Estaba la mar en calma,   la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace   no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,   bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor,   aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro   y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho   mi madre me lo decía
que mentira no dijese,   que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,   que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar,   aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?   ¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor,   y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,   labrados a maravilla.
El moro que los labraba   cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra,   otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,   huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,   castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,   bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,   contigo me casaría;
daréte en arras y dote   a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan,   casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene   muy grande bien me quería.

domingo, 1 de enero de 2017

Belleza oculta (2016)



He empezado 2017 con esta película, y qué bonito ha sido hacerlo así, emocionándome con esta hermosa producción, basada en la exploración de un proceso: el de la reconstrucción de una psique devastada por una inmensa perdida.

Están inmensos Edward Norton, Helen Mirren, Kate Winslet, Keira Knightley, Miguel Peña, todos, hasta el joven Jacob Latimore, como si compartir cartel con algunos de los mejores actores y actrices de Hollywood le hubiera hecho superarse a sí mismo, para no desentonar. Pero Will Smith hace uno de los mejores papeles de su vida. Un día quisiera conocer a este hombre, tan sólo para agradecerle que desde hace más de veinticinco años esté divirtiéndonos, entreteniéndonos o, como en este caso, emocionándonos hasta el hueso. Will es como un viejo amigo que nunca nos falla.





Esta película  se asemeja a la reciente Un monstruo viene a verme, porque ambas invitan a la lágrima, y porque en ambas seres más o menos imaginarios intentan sanar un alma herida. Belleza oculta es una película que se sustenta totalmente en el trabajo actoral, en la interpretación: aquí no hay efectos visuales ni trucos que valgan. Si la película se sostiene, y lo hace de maravilla, es por las brillantes actuaciones. Hay escenas, como los diálogos que intercambian los personajes de Keira Knightley y Will Smith, magistrales. En este sentido recuerda a aquella película magnífica donde también aparecía Kate Winslet, Un dios salvaje. Todo en ella, como en esta Belleza oculta, se confiaba a la capacidad de conmover de los actores.


El duelo actoral entre Smith y Knightley, plenos ambos de talento, es uno de los principales atractivos de la película.




jueves, 29 de diciembre de 2016

Algo terrible y hermoso, para terminar el año


Anteayer, 27 de diciembre, nos sorprendió la noticia del fallecimiento, a sus 60 años, de Carrie Fisher, famosa en el mundo entero por su interpretación de la princesa Leia en Star Wars. Al día siguiente, 28 de diciembre, su madre, la también actriz Debbie Reynolds, de 84 años, también falleció. No pudo soportar, simplemente, la muerte de su hija. Y es terrible, terrible para los que quedan, para Todd Fisher, que ha perdido en 48 horas a su madre y a su hermana, o para Billie Lourd, hija de Carrie y nieta de Debbie. Pero es también un suceso hermoso, pues nos ha recordado algo que solemos olvidar: que el amor de una madre por los frutos de su vientre es inmenso, lo más grande que existe en el mundo. 


Carrie Fisher niña, entre bastidores, observa a su madre, Debbie Reynolds, actuando en los escenarios de Broadway.  
Ya están juntas en la eternidad, sea lo que sea eso.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Mejores libros de noviembre y diciembre, y mejores libros del año


En los dos últimos meses he leído 17 libros. De entre ellos destaco los siguientes:


NARRATIVA

  1. Bella y oscura, de Rosa Montero.
  2. El relato Juventud, de Joseph Conrad, incluído dentro del volumen La posada de las brujas y otros relatos (los otros relatos del volumen no me parecen tan buenos) (reseña)
  3. Pura anarquía, de Woody Allen
  4. Maneras de perder, de Felipe Benítez Reyes
  5. Cuentos de fin de año, de Ramón Gómez de la Serna (reseña)
  6. Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros, de John Steinbeck

ENSAYO

  1. El tango, de Jorge Luis Borges (reseña)
  2. El magnicidio de Carrero Blanco, de José María Manrique y Matías Ros (reseña)
  3. Lecciones de los maestros, de George Steiner (reseña y fragmentos)

POESÍA

  1.  La piel que busca piel en su deriva, de Felipe Benítez Reyes

 --------------

En total, en 2016 he leído 111 libros. Estos serían los que más me han gustado:

  1. Seek to know no more, de José María Álvarez (poesía)
  2. Batman: detective nº 27, de Michael Uslan y Peter Snejbjerg (cómic)
  3. Yo, el Rey, de Juan Antonio Vallejo-Nágera (narrativa)
  4. Los jefes, de Mario Vargas Llosa (narrativa)
  5. El imperio de Yegorov, de Manuel Moyano (narrativa)
  6. El hacedor, de Jorge Luis Borges (narrativa y poesía)
  7. Cancionero moral de un poeta menor, de David López Sandoval (poesía)
  8. Lawrence de Arabia (la corona de arena), de José María Álvarez (narrativa)
  9. Soldados de Salamina, de Javier Cercas (narrativa)
  10. Cantigas y cárceles, de Juan Manuel Macías (poesía)
  11. Ricardo II, de William Shakespeare (teatro)

martes, 27 de diciembre de 2016

En la muerte de nuestra querida princesa


Me entero, estupefacto, del fallecimiento, a los 60 años tan sólo, de Carrie Fisher, nuestra querida princesa Leia. Carrie nos dio con Leia un personaje femenino fuerte, que no se limitaba a esperar a que la rescatase Han Solo o Luke Skywalker, sino que agarraba una pistola láser y disparaba a los malos como sus compañeros hombres, y con ellos corría y saltaba por los pasillos de los destructores imperiales o por las selvas de la luna de Endor. A la joven actriz que hizo de Rey, la heroína del reciente episodio VII de la saga, le dijo "no dejes que te pongan un bikini dorado", interpretando como humillación sexista esa escena de Leia esclavizada y encadenada en el palacio de Jabba el Hutt. Muchos sólo vimos, en cambio, belleza ahí, una imagen icónica para poblar nuestros sueños. Con cadenas y todo Leia no me parecía humillada ni un objeto sexual (o no mayormente esto), sino gloriosa en su deslumbrante juventud, un ícono de belleza que se alza sobre las cadenas y sobre la sordidez del cúbil de Jabba. 

Ha fallecido nuestra princesa más querida, que se alzó reinante en nuestras fantasías, que se hundió en el alcohol y las drogas para vencer también esa sordidez (esta vez, del mundo real), que de allí supo salir y contarlo. Heroína en el cine, heroína en la vida, venciendo al monstruo de sus adicciones. Ha fallecido para provocar una lágrima que recorre ahora nuestro rostro y para vivir para siempre, en nuestros corazones.



domingo, 25 de diciembre de 2016

De la batalla de Camlann, y de cómo Arturo dejó este mundo


DE LA BATALLA DE CAMLANN, Y DE CÓMO ARTURO DEJÓ ESTE MUNDO

Los ejércitos de Mordred y Arturo se encontraron en Camlann. Mordred tenía veinte años, Arturo cuarenta y dos. Mordred era un ser totalmente amoral, consagrado al crímen y al odio a su padre. Arturo era un rey cansado, y compadecía a Mordred, mas no estaba dispuesto a consentir que continuara devastando su reino. 

No sabemos cuántos caballeros combatieron en Camlann aquel día. Tal vez, entre los dos ejércitos, no llegaran a los diez mil hombres. Tal vez había menos, pero eran los mejores caballeros y hombres de armas de Britania, y casi todos murieron ese día, dejando la isla indefensa ante los enemigos extranjeros. Combatieron todo un largo día, desde el alba. Estaba cayendo el sol cuando Arturo y Mordred se encontraron al fín, frente a frente. Se acometieron con furia, se hirieron, y al fín Arturo mató a Mordred, mas sabía que él también estaba herido de muerte. Se recostó contra un árbol. Desde donde estaba se veía, no muy lejos, el mar. El sol caía, tiñéndolo todo de rojo. Se le acercó Sir Bevidere, uno de los pocos supervivientes de la batalla y el único de entre los caballeros más cercanos a Arturo, los pertenecientes a la Tabla Redonda. Bevidere le preguntó al rey qué podía hacer por él, pues algo le decía  que el rey no estaba simplemente herido, sino muriendo. Arturo le tendió a Excalibur, diciendo: "lanzadla al mar". 

Bevidere fue a la orilla, mas le pareció una lástima que un arma así se perdiera, tal vez para siempre. Así que la escondió en un tronco hueco, dispuesto a recobrarla luego. Volvió con el rey, y éste, nada más verle le dijo: "¿por qué no me habéis obedecido? Si me amáis, lanzad la espada al mar". Avergonzado, Sir Bevidere volvió adonde la espada, y la arrojó al mar. Así se perdió para siempre el arma más prodigiosa que jamás blandiera un hombre, que no se podía quebrar ni mellar, que era ligera como una pluma, que fue forjada por la antigua raza en tiempos olvidados, Excalibur. 

Bevidere volvió con su rey y dijo "está hecho", y Arturo supo que esta vez era verdad. Sonrió, bendijo a Bevidere y murió. Entonces Bevidere vió, recortado contra el inmenso sol rojo, un barco sin velas ni remos, que parecía avanzar mágicamente. Cuando estuvo más cerca distinguió en él a tres mujeres, de pie sobre cubierta, asidas las manos. Desembarcaron y llegaron a donde ellos estaban. Eran de blancos rostros y belleza sobrehumana. Una de ellas dijo "venimos a llevarnos al rey a Avalón". "Está muerto, mi señora", dijo Bevidere. "Está muerto, es verdad, pero en Avalón no existe la muerte. Allí podrá volver a vivir. En verdad, despertará de esta muerte como de un sueño, y vivirá por siempre". Sir Bevidere sintió que era verdad. Levantó a su señor y lo cargó hasta el barco. Las damas de la antigua raza embarcaron, y la nave partió. 

Nada más se supo de Arturo en este mundo. Así termina su historia, hasta donde sabemos.

-José Alfonso Pérez Martínez, 20 de diciembre (corregido el 25) de 2016-


jueves, 22 de diciembre de 2016

De Mordred


DE MORDRED


Morgause, la hija mayor de Igraine y de su marido, el duque de Cornualles, odiaba a Uther, que había causado la muerte de su padre y engañado a su madre para yacer con ella. Como no podía vengarse de Uther, pues éste había muerto hacía años, Morgause decidió vengarse de él en la persona de Arturo, su hijo. 

Aunque Morgause y Arturo eran hijos de una misma madre, Morgause veía a Arturo como un Pendragon, como sangre odiada. También Morgana odiaba a Arturo. Sólo la tercera hermana, Elaine, no le odiaba, sólo ella pensaba que odiar al hijo por los pecados del padre era una necedad, pero nunca logró convencer a sus hermanas. Aunque Morgana intentó en varias ocasiones asesinar a Arturo, quien llegó más lejos en su odio fue Morgause. Esto fue lo que se atrevió a realizar: en primer lugar, fue a Camelot, enviando delante suya mensajeros anunciando la llegada de la hermana mayor del rey. Arturo, sin sospechar nada, la recibió feliz, ofreciendo cenas y torneos en su honor. No es cierto, como algunos escribieron, que Arturo no supiera quién era Morgause. Merlín le había contado, cuando Arturo se proclamó rey, quien era su madre, y cómo fue concebido por Uther, y porqué había tenido que criarse separado de su padre, de su madre y de sus medio hermanas, para protegerle de los odios y tensiones de la época. Merlín le envió a criarse con Sir Héctor, un caballero, y el hijo de éste, Sir Kay, era ahora senescal de Arturo. 

Así pues, Arturo sabía perfectamente quién era Morgause cuando ésta llegó a Camelot y él la vió por primera vez en su vida. Arturo, que como dijimos no había podido criarse con ella, la deseó desde el primer momento, pero, siendo consciente de la sangre común, estaba dispuesto  a contenerse. Y lo hubiera logrado, pero Arturo no sabía que su hermana era una poderosa hechicera, casi al nivel de Merlín, el druida. Morgause hechizó a Arturo, para que no pudiera resistirsele, para que, sin dejar de ser consciente de estar cometiendo una transgresión, no pudiera evitar cometerla, para así torturarle más. Tanto odiaba Morgause a Arturo. El rey, a su pesar, se vió yendo a la alcoba de Morgause, en mitad de la noche. A su pesar, la desnudó. A su pesar, y maldiciéndola, la hizo suya. A la mañana siguiente Arturo expulsó a Morgause de Camelot, y jamás quiso volver a verla. 

Esto ocurrió cuando Arturo era aún joven y no llevaba ni diez años en el trono. Tampoco estaba casado aún con Ginebra. Su otro hijo, Bor, era entonces tan sólo un niño de pecho, un bebé. Aquella noche infausta fue engendrado Mordred, hijo y sobrino de Arturo.

Todos nos forjamos un destino, pero Mordred no quiso, o no pudo. Dominado por su madre, se convirtió en un mero instrumento de ella, en un arma para ser usada contra Arturo. Morgause para ello se concentró en fomentar las partes peores de la personalidad de Mordred, mientras asifixiaba las más nobles. Se centraba también en hacerle dependiente de ella, en lograr que pensara como ella, que viera todo como ella lo veía. Utilizaba para ello una mezcla de palabras, amor materno y hechicería. Buscó a grandes caballeros para educarle en las artes de la guerra, le insistió en que tenía derecho a todo, si lo quería, y que la ley de Arturo sólo era tiranía, una forma de coartar la libertad y el derecho de los fuertes sobre los débiles. Le crió, en fin, con el solo fin de destruir a Arturo. 

A los dieciocho años Mordred Pendragon era hermoso y fuerte, un joven dorado, pero con un negrísimo corazón. Podía vencer a cualquiera en un combate singular, era cruel, vanidoso, y sólo amaba a su madre. No respetaba a ninguna otra persona, ni sentía nunca temor. Quería, sobre todo, destruir a Arturo. Entonces dejó a su madre y empezó a devastar Britania, al mando de una banda de criminales y delincuentes, a los que armó como caballeros. Se burlaban de la ley de Arturo cometiendo robos, violaciones y asesinatos por todo el país. Se le fueron sumando más indeseables, hasta llegar a comandar un verdadero ejército.

Arturo, por entonces, estuvo muy enfermo, y casi murió. Merlín dijo que sólo podría sanar si era encontrado el Grial, la santa copa usada por Jesucristo en su última cena, y Arturo bebía de ella. Los caballeros de la Tabla Redonda, empeñados en la búsqueda del Grial, no pudieron impedir los desmanes de Mordred. Muchos caballeros se perdieron o murieron en la búsqueda. Muchos otros volvieron a Camelot con las manos vacías. Finalmente, el más puro, Sir Galahad, hijo de Lanzarote, un caballero que nunca había querido empuñar un arma, llegó a Camelot una noche descalzo y vestido sólo con una pobre túnica. Su rostro estaba bañado en luz, y portaba en sus manos el Grial. Se lo tendió a Arturo, y éste bebió. Así sanó el rey y, con más de cuarenta años de edad, decidió detener a Mordred, su maldito hijo. Se armó, convocó a sus caballeros y se lanzó a la guerra por última vez.

-José Alfonso Pérez Martínez, 20 de diciembre (corregido y ampliado el 22) de 2016- 

Mi intento


En respuesta a un reto propuesto por la poeta Katy Parra: hacer un poema sin usar la letra A.


MI INTENTO

Busco tu voz
en el viento,
me tiendo en el suelo,
escucho el mundo.
Entiendo, no temo,
siento, no te miento.
Resiste la luz,
desvisto de negror
mi interior.

-José Alfonso Pérez, 
22 de diciembre de 2016-

 

martes, 20 de diciembre de 2016

De las dos espadas de Arturo


DE LAS DOS ESPADAS DE ARTURO

La espada que Arturo extrajo de la piedra, ante el arzobispo de Canterbury y todos los caballeros y señores de Britania, fue su primera espada. Tenía Arturo quince años por entonces y, al conseguir liberar la espada de su encierro, demostró ser el legítimo heredero de Uther Pendragon. La espada la había mandado hacer, un siglo antes, un general romano que se negó a dejar Britania cuando las legiones abandonaron la isla. La mandó hacer larga y pesada, como las espadas de los bárbaros. Era una poderosa arma que se había convertido en herencia de su estirpe, los Pendragon. Arturo la llevó y blandió en varias batallas y enfrentamientos hasta el día en que la quebró. Sucedió así:

Arturo era rey pero, por encima de todo, se consideraba caballero. Por eso a veces abandonaba a solas, o acompañado sólo de un escudero, la corte, y salía en busca de aventuras. Una de esas veces, llegó a las orillas de un lago. Allí encontró a un caballero que le desafió. Arturo le preguntó quién era. "Soy Lanzarote, el del lago. Junto a estas aguas espero a caballeros y les desafío, pues está escrito que he de batirme con cuanto caballero encuentre, hasta que halle a aquel que pueda vencerme, y a éste he de rendirle homenaje y servirle el resto de mis días".

Arturo aceptó batirse con Lanzarote. Lucharon bravamente durante horas. Se hicieron profundas heridas que regaron de sangre las orillas del lago y sus aguas, mas ninguno conseguía vencer al otro. Al final, Arturo pidió ayuda a su señor, Jesucristo, descargando un poderoso golpe con sus últimas fuerzas, y la espada de los Pendragon se quebró en el pecho de Lanzarote, rompiendo a la vez la armadura de éste.

Quedaron Arturo y Lanzarote desmayados en tierra largo rato, y parecía que hubieran muerto. Arturo despertó el primero, y vió su espada rota y a su noble enemigo inmóvil, y le creyó muerto, y lloró. Entonces se apareció el poderoso druida, Merlín, y le dijo "¿por qué lloráis, mi rey?". "He matado al mejor caballero del mundo y he quebrado la espada que era herencia de mi estirpe, por eso lloro". "Él no está muerto, tan sólo duerme. Y en cuanto a la espada, está escrito que hoy debíais perderla, para obtener una más poderosa. ¿Véis esa isla en medio del lago? Id a la pequeña capilla que allí se levanta. Allí encontraréis a la dama del lago, durmiendo un sueño de siglos. Asid la espada que la dama empuña, pues es vuestra". Arturo se desprendió de la armadura y, casi desnudo, se lanzó al lago. Nadó hasta llegar a la isla, y allí, cerca de la orilla, vió la capilla.

Entró y, sobre una cama de piedra, vió a una dama acostada. Sus manos sostenían sobre su cuerpo una larga espada. A los lados se desparramaba su largo cabello rubio. Vestía una larga túnica blanca. Parecía dormir, su rostro era como el de una persona viva. Arturo dudó, pero finalmente asió la espada, librándola de las blancas manos de la dama. En ese instante ésta se deshizo en polvo, y fue como si nunca hubiese estado allí.

Arturo se santiguó y, saliendo de la capilla, observó la espada. Era tan grande como la de los Pendragon, pero mucho más ligera. En verdad, no parecía pesar nada. Al regresar con Merlín éste le dijo su nombre, Excalibur, y le explicó que era una espada muy antigua, forjada por la raza que habitó Britania antes de los hombres, la raza a la que perteneció la dama del lago, la raza que "ahora sólo puede encontrarse en la isla de Avalón, y en los sueños". Excalibur, explicó, no podía quebrarse, nada en el mundo podía romperla.

Así fue como Arturo encontró a Excalibur. Luego Lanzarote despertó y Arturo le hizo su vasallo, para desgracia de ambos. Aunque esto, como suele decirse, es otra historia.

-José Alfonso Pérez Martínez, 20 de diciembre de 2016-

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