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Blog personal de José Alfonso Pérez Martínez

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jueves, 19 de mayo de 2022

De "la Pepa"


"La nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios"

Artículo 1 de la Constitución Española de 1812. La primera constitución de España, hecha cuando España aún se extendía por grandes extensiones de la Tierra. Este texto legislativo supremo de la nación consideraba como españoles a todos los habitantes del territorio, sin importar si vivían en la España europea, la americana, la africana o la asiática. Todos españoles, y todos con la misma ley fundamental. Ningún imperio de los fundados por las naciones europeas llegó a tanto. La Constitución de 1812 se redactó en Cádiz, ciudad de la España europea (la ciudad más antigua de Europa occidental, fundada por los fenicios más de mil años antes del nacimiento de Cristo). Acudieron a las Cortes Constituyentes representantes de la España americana. Se redactó en un contexto bélico, con parte de la España europea invadida por los ejércitos franceses de Napoleón y el Rey de España prisionero en Francia. Pero aún así la Constitución se hizo, y queda como culmen legislativo de una historia común de 3 siglos, justo antes de su fin. Imagen: portada de mi ejemplar, edición de la editorial Tecnos de 2012.




martes, 10 de noviembre de 2020

El súbito derrumbe del primer imperio español


Muchos imperios se derrumban poco a poco. Tras largos siglos de decadencia, se produce el fin, que no es sino la culminación de ese largo proceso. No fue así con el primer imperio español. Lo llamo "primero" porque hubo dos, como después veremos. El primero nace cuando tras el final de la Reconquista, en 1492, la reina Isabel I de Castilla sufraga el viaje de Colón hacia el oeste. En los siglos siguientes España se expande. Aunque también tuvo territorios en África o Asia esta expansión se produjo sobre todo en América. 

A finales del XVIII y principios del XIX nada hace prever el final del imperio. El gran enemigo, Inglaterra, no logra arrebatar a España ningún pedazo significativo del imperio: en 1797 Nelson es derrotado cuando intenta conquistar las islas Canarias. Entre 1806 y 1807 se produce un nuevo fracaso inglés en el Río de la Plata. En 1800 México DF, la capital del virreinato de Nueva España, es la ciudad más rica del mundo, mucho más que cualquier ciudad de la España europea. Los reyes se preocupan del bienestar de los habitantes del imperio, donde sea que se encuentren: entre 1803 y 1806 Carlos IV sufraga la expedición filantrópica de Balmis, por la que miles de personas en América, Asia y África son protegidas de la enfermedad de la viruela. En 1792 se funda la universidad de Guadalajara, en México, la última de una larga lista de centros de enseñanza superior construidos por España en su imperio.

¿Cómo un imperio que se encontraba en un buen estado de fuerza pudo derrumbarse como un castillo de naipes en las siguientes décadas? Se debió a dos causas, sobre todo: la invasión francesa y la traición interna. En 1808 Napoleón invade la península ibérica. Se suceden cinco años de guerra. Napoleón acaba derrotado. Pero ocurre algo crucial: Inglaterra, nuestro gran enemigo tradicional (acababan de ser derrotados en el Río de la Plata), nos ayuda contra Napoleón. De repente parece que han hecho las paces con España. Fernando VII coloca a Wellington, vencedor del francés, el collar de la orden del Toisón de oro. Ahora viene el principio del fin: jóvenes criollos, la flor de la América española, hacen amistad con ingleses, acuden a Londres, escuchan ideas nocivas, se dejan contaminar por ellas. Lo que sigue es el fin: las guerras de independencia de la América española, la gran traición de la América criolla. El oro de América es saqueado, acaba en Londres. La rica América española se convierte en un montón de pequeñas repúblicas empobrecidas. Inglaterra, tras numerosas y humillantes derrotas durante tres siglos, ha vencido a España en un suspiro. Con el oro saqueado de nuestro imperio construye su propio imperio, el gran imperio de la reina Victoria. A España sólo le quedan unas islas en el Caribe y en el Pacífico, que en 1898 también acaba perdiendo, a manos de Estados Unidos, vástago de Inglaterra. El segundo imperio español, mucho menos extenso y de vida muy breve, empieza a construirse justo después de la caída del primero. Es un pequeño imperio africano que no dura ni un siglo. Tal vez hable de él en otra ocasión.

 
El primer imperio español hacia 1790

viernes, 15 de marzo de 2019

De España y los españoles






He comprado la Historia de España que ha escrito mi paisano Arturo Pérez-Reverte. A falta de hincarle el diente (aunque algunos de sus capítulos ya los leí, pues han estado publicándose en una revista en los últimos años) no me resisto a compartir algunas de las frases sobre España y los españoles con las que Arturo abre su libro.


Son crueles con los criminales y enemigos, aunque con los forasteros son compasivos y honrados (Diodoro de Sicilia)

Esta Hispania produce los durísimos soldados; ésta, los expertos capitanes; ésta, los fecundísimos oradores; ésta, los clarísimos vates; ésta es madre de jueces y príncipes; ésta dio para el Imperio a Trajano, Adriano y Teodosio (Pacato)

El español, una vez decidida la estocada que se propone dar, la ejecuta ciegamente aunque así lo hagan pedazos (Pierre de Brantôme)

Nunca nos habíamos enfrentado a un soldado de infantería como el español. No se derrumba, es una roca, no desespera y resiste pacientemente hasta que puede derrotarte (Un oficial sueco tras la batalla de Nördlingen)

Los españoles todos se comportaron como un solo hombre de honor. Enfoqué mal ese asunto (Napoleón Bonaparte)

Los españoles no han cedido nunca una pulgada de terreno. No tengo idea de seres más impávidos. Desafían a la muerte. Extraordinariamente valientes, duros para las privaciones, pero ferozmente indisciplinados (Adolf Hitler)

El español que no ha estado en América no sabe qué es España (Federico García Lorca)







domingo, 26 de agosto de 2018

Las batallas más importantes, IX: Austerlitz (1805)


BATALLA DE AUSTERLITZ


Cuándo: 1805
Dónde: a 10 kilómetros al sureste de Brno, en la actual República Checa.
Contendientes: 72 mil franceses, dirigidos por el emperador Napoleón I en persona, versus 85 mil hombres del Imperio Austríaco, del Sacro-Germánico y del Imperio Ruso, dirigidos por Francisco (I como emperador austríaco y II como emperador germánico) y por el zar Alejandro I.
Resultado: Victoria francesa.
Por qué es importante: La derrota de Austria, Alemania y Rusia en Austerlitz tuvo como consecuencia más importante el fin del Sacro Imperio Romano Germánico, renunciando Francisco II a su corona alemana, quedando sólo como emperador Francisco I de Austria. Al fin del milenario imperio alemán o I Reich siguieron en el siglo y medio siguiente nuevos intentos de Estados pan-germánicos cada vez más nacionalistas, militaristas, agresivos: el II Reich (1871-1918) y el terrible III Reich (1933-1945). Tal vez la victoria de alemanes, austriacos y rusos sobre Napoleón en Austerlitz hubiera impedido esta pavorosa progresión.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Retrato de Arthur Wellesley, Duque de Wellington, por Goya



Este retrato de Wellington, terminado por Goya en 1814, se exhibe en la National Gallery de Londres. Por sus victorias sobre Napoleón el general británico Arthur Wellesley recibió títulos nobiliarios de su país, de Holanda, de España y de Portugal. En España, además, le ofrecimos ser Rey. Rechazó la oferta, y seguramente fue una desgracia, pues hubiera sido, casi con certeza, mejor monarca que aquel nefasto Fernando VII. En el retrato que Goya le hizo  vemos, colgando de su cuello, el collar de la orden del Toisón de Oro.

viernes, 15 de julio de 2016

De libros de la Francia


Amo mi biblioteca. En mi casa no hay joyas ni dinero, sólo libros. Las mejores mentes de Occidente están en mis estanterías. Y, por supuesto, entre ellos, los franceses: los poetas (Apollinaire, Rimbaud, Baudelaire, El cementerio marino de Válery, Lautréamont, Jouve, Pierre Louys), El principito de Saint-Exúpery, las Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, Voltaire (su Tratado sobre la tolerancia, su Filosofía de la Historia), varias ediciones de Montaigne (incluida una de 1917 de la legendaria editorial Calleja), el libro sobre la decadencia y ruina del imperio romano que escribió Montesquieu, algunas obras del filósofo ateo y hedonista Michel Onfray, las memorias de Napoleón, la Description de l'Egypte (el libro, de hermosísimas láminas, que inauguró la ciencia de la egiptología, yo lo tengo en una preciosa edición de Taschen), Chateaubriand... 

Para aquellos que creen que los países han de regirse por su único libro, el Corán, la prolijidad de libros de la Francia y su secular laicismo son una ofensa, un crímen. Para mí, un motivo poderoso para amar ese país. También lo creyeron otros no franceses: el austríaco Zweig, que dedicó libros a Fouché o a María Antonieta, o mi maestro Álvarez, que le dedicó uno a Talleyrand, y que tiene casa en París. O el rumano Cioran, que se hizo francés y que en Sobre Francia escribió, entre otras cosas, esto:

Francia es Nuestra Señora de París reflejada en el Sena: una catedral que rechaza el cielo.


lunes, 9 de mayo de 2016

En torno a un libro






Estoy leyendo ahora un libro sumamente interesante. Se titula Yo, el rey y es una obra de 1985 de Juan Antonio Vallejo-Nágera sobre el rey José I de España, hermano del emperador Napoleón I. La compuso usando numerosos textos de aquella época: memorias, correspondencia... Por eso, pese a ser una novela, tiene valor histórico. Un ejemplo: en un momento dado de la novela se recoge la opinión de Talleyrand sobre la guerra en España, que expresó al coronel Gaspard de Clermont-Tonerre y que aparece en las memorias de éste. Dice Talleyrand:


Parece imposible que España, invadida antes de que ni siquiera pueda apercibirse de ello, privada de sus príncipes y de su gobierno y de sus principales plazas fuertes, con un ejército mediocre en número y aún peor en calidad, sin concierto entre las provincias y casi sin posibilidad de establecerlo, pueda soñar ni por un momento en resistirse, oposición que significaría irremediablemente su total ruina.

Está claro que Talleyrand, inteligente y sagaz político, no estuvo aquí muy acertado, subestimó la capacidad de sacrifio y resistencia de los españoles. 
Poco después hace decir Vallejo-Nágera a José I, refiriéndose a Carlos IV y a Fernando VII: presumen con necio orgullo de tener la cabeza vacía. En esto Carlos IV y Fernando VII no hacían sino parecerse a la mayoría de españoles de su época. Aún muchos son así. 

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