Por estar contigo

Blog personal de José Alfonso Pérez Martínez

"Estas líneas escribo,
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(Luis Cernuda)
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jueves, 6 de enero de 2022

Efemérides de 2022, V


Hace 100 años (en 1922)


29 de octubre: En Italia el Rey Víctor Manuel III confía el poder a Benito Mussolini.

1 de noviembre: El imperio turco otomano se disuelve oficialmente.

4 de noviembre: Howard Carter descubre la tumba de Tutankhamon en el Valle de los Reyes. Sigue siendo un siglo después el hallazgo arqueológico más importante de todos los tiempos y la única tumba de un faraón egipcio hallada intacta, sin saquear.


Abierta la puerta de la tumba e iluminado el interior Carter contempla por vez primera, alucinado, el abigarramiento de fascinantes y antiquísimos objetos. 


6 de diciembre: Se crea el Estado Libre de Irlanda (más tarde República de Irlanda). 

30 de diciembre: Se crea la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). 

En 1922 se publicaron importantes libros:

- Trilce, de César Vallejo
- La tierra baldía, de T. S. Eliot
- Elegías de Duino, de Rainer Maria Rilke
- Siddhartha, de Hermann Hesse 
- Tractatus Logico-Philosophicus, de Ludwig Wittgenstein 



miércoles, 6 de julio de 2016

Mi biblioteca, I


Iré poniendo fotos de mi biblioteca. Empiezo con el primer mueble con libros que uno encuentra al entrar en mi casa, se trata de un pequeño armario con un estante en donde guardo libros de pequeño formato. Habrá unos 100 libritos aquí, seguramente. 



Destaco algunos: El elogio de la sombra, de Tanizaki; La decadencia de la mentira, de Wilde; Sobre Francia, de Cioran; El país de los ciegos, de Wells; De Buonaparte y de los borbones, de Chateaubriand; La guerra de las salamandras, de Karel Çapek; Leer en el retrete, de Henry Miller; El pequeño Arquímedes, de Aldous Huxley; Cuentos de amor, de Hermann Hesse; y una edición de 1924 del poema nacional de Argentina, el Martín Fierro de José Hernández, que me regaló la poeta María Teresa Cervantes.


sábado, 15 de marzo de 2014

Hermann Hesse, individualista



«Mi fe política es la de un demócrata; mi concepción del mundo, la de un individualista. Lo que ha ocupado, atraído y conformado mi espíritu no han sido los problemas sociales, sino los del individuo, y la tendencia de la nueva historia a subordinar la personalidad al capricho de las masas arbitrarias, es algo que odio a muerte. Mis libros, entre los que se incluyen muchos de naturaleza puramente lírica, no han sido escritos con un propósito determinado. En el curso de los años, no obstante, ellos me han proporcionado un público, compuesto en su mayor parte de jóvenes atraídos hacia mí personalmente y como escritor, para los cuales me he convertido en consejero. Las dificultades que el individuo debe afrontar hoy día en el mundo y la manera de poder construir una personalidad armónica son experimentados por muchos, principalmente por los jóvenes, dentro de los Estados e iglesias autoritarias, y parte de esta juventud es la que parece haber encontrado en mí al poeta con el cual siente mayor afinidad».

Hermann Hesse

lunes, 20 de enero de 2014

Pájaro en la tormenta




El siguiente texto está extraído de Tiempo lluvioso, prosa incluida en la recopilación de poesías y prosas poéticas El caminante, escrita por Hermann Hesse en 1918. La traducción del alemán al castellano es de Pilar Giralt.

Si quieres embriaguez, ¡acepta también la resaca! Si quieres sol y bellas fantasías, ¡acepta también la suciedad y el hastío! Todo está dentro de ti, el oro y el barro, el deleite y la pena, la risa infantil y la angustia mortal. ¡Acéptalo todo, no te aflijas por nada, no intentes rehuir nada! No eres un burgués, tampoco eres un griego, no eres armónico y dueño de ti mismo, eres un pájaro en plena tormenta. ¡Déjala rugir! ¡Déjate llevar! ¡Cuánto has mentido! ¡Cuántos miles de veces, incluso en tus libros y poesías, has fingido ser el armonioso y sabio, el feliz, el iluminado! ¡Lo mismo han fingido ser los héroes al atacar en la guerra, mientras las entrañas temblaban! ¡Dios mío, qué simiesco y fanfarrón es el hombre, sobre todo el artista, sobre todo el poeta, sobre todo yo!



viernes, 7 de junio de 2013

Hermann Hesse, "Pequeñas alegrías"



Ha sido un gran deleite para mí, una gran alegría, leer este Pequeñas alegrías de Hesse. Es un libro extraordinario que nos muestra sesenta años de escritos cortos -artículos de opinión, reseñas de libros, reflexiones de lo más variado-, desde la juventud -escribió el primer texto del volumen a los veintidós años- hasta la senectud, muy cerca ya de la muerte. Estos sesenta años de textos forman un monumento literario integrado por una continuada e insobornable independencia intelectual, por una asimismo continua apuesta por el pacifismo, por un gran amor a su patria -una patria de límites indefinidos, comprendida sobre todo por el suroeste de Alemania y la Suiza de lengua alemana-, por un acendrado humanismo -aprendido en Voltaire, en Montaigne- y por la fascinación por la naturaleza y los libros. Su lenguaje, sencillo, se vuelve poético en las descripciones de paisajes o al hablar de los cambios de las estaciones. Él, que tan viajero fue, volvía siempre a esa patria suya de límites indefinidos, definida por un paisaje y por un paisanaje comunes, aunque fronteras artificiales la cruzaran, y la crucen aún. Rural y urbano, cosmopolita y apegado a lo alemán -pero no de un modo nacionalista o despreciador de los otros-, atraído por las filosofías y religiones de Oriente -Buda, Lao Tsé- pero sin negar a sus ancestros cristianos -a ese abuelo que quiso ser teólogo, a ese padre que fue, en palabras del obispo de Wurm, un auténtico "cristiano primitivo"-. Único Hermann Hesse.

miércoles, 5 de junio de 2013

A propósito de Gide



Foto: André Gide en 1930, a los 61 años


El escritor Luis Antonio de Villena acaba de publicar un ensayo (noticia) sobre André Gide. Tal vez sea una buena ocasión para compartir este texto, una carta que Hermann Hesse escribió a Gide en 1951, poco antes de la muerte del escritor francés, y que Hesse incluyó en un artículo (Recuerdos de André Gide) aparecido en Neue Zürcher Zeitung e incluido también en el volumen Pequeñas alegrías. Ojalá la carta de Hesse a Gide anime a leer el ensayo de De Villena o, por supuesto, al propio André Gide:


Montagnola, enero de 1951

Querido y apreciado André Gide:

Su nuevo traductor Lüsberg me ha enviado Hojas de otoño, he leído ya la mayor parte de estos recuerdos y meditaciones y en este momento no me parece correcto y gentil agradecerle a ese señor su obsequio sin antes enviar a usted mi saludo y mi agradecimiento. 
Hace mucho que debía haberlo hecho, pero de un tiempo a esta parte vivo en un estado de resignado agotamiento y no es ésta la disposición en que se debe visitar a una persona mayor e ilustre. Pero el agotamiento podría durar hasta el final, y antes quisiera una vez más expresar toda la gratitud y simpatía, acrecentada en los últimos años, que siento por usted.
 Las gentes de nuestro gremio parecen ahora escasear y empiezan a sentirse solas, por eso es una suerte y un consuelo hallar aún en usted un amante y un defensor de la libertad, de la personalidad, de la obstinación, de la responsabilidad individual. La mayoría de nuestros jóvenes colegas, y lamentablemente también algunos de nuestra propia generación, aspiran a cosas muy distintas: enrolarse sea en la comunidad romana, sea en la luterana, sea en la comunista o de cualquier otro tipo. Un sinfín de personas han llevado ya a cabo este enrolamiento, hasta aniquilarse a sí mismas. Por cada evasión de un antiguo compañero hacia las iglesias o los colectivos, por cada defección de un colega cansado o desesperado de poder seguir adelante como caminante solitario y responsable ante sí mismo, el mundo se empobrece y nos resulta más penoso seguir viviendo. Pienso que algo análogo le ocurre a usted.
Reciba de nuevo el saludo de un viejo individualista, que no tiene intención de engancharse a ninguno de los grandes tinglados.


martes, 4 de junio de 2013

Hermann Hesse, individualista letraherido


Junto a las otras mitologías, mandamientos y religiones del hombre primitivo, nació también ese extraño sistema invertido y falaz según el cual el amor del individuo a sí mismo, que es la base del amor, es ilícito y pecaminoso, y el hombre tuvo que disimular, ocultar y enmascarar ese amor.
-Hermann Hesse, en Fragmentos del diario de Martin, texto incluido en el volumen Pequeñas alegrías-

Yo sé, cuando me enfrasco en un bonito libro, que estoy haciendo un menester mejor, más sensato y más valioso que todos los ministros y reyes de este pícaro mundo han hecho de unos años a esta parte.
-Hermann Hesse, en Velada otoñal en el cuarto de estudio, texto incluido en el volumen Pequeñas alegrías-



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