Por estar contigo

Blog personal de José Alfonso Pérez Martínez

"Estas líneas escribo,
únicamente por estar contigo"
(Luis Cernuda)

miércoles, 20 de julio de 2016

Historia de Roma III: Imperio (de Nerva a Diocleciano)



A la muerte de Domiciano en el año 96 fue proclamado emperador Nerva. De avanzada edad, no tuvo tiempo de hacer mucho, pero dejó gran recuerdo por su bondad. Fue el primero de los "Cinco buenos emperadores", como les llamó el historiador Edward Gibbon. En la foto que ilustra este artículo aparecen los bustos de los cinco, de izquierda a derecha: Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio. Ellos respetaron las vidas, propiedades y derechos de los ciudadanos y llevaron a Roma a su edad de oro. 

El segundo de estos cinco fue Trajano, el primer emperador nacido fuera de Italia (era hispano). Trajano conquistó la Dacia (Rumanía). Tras él gobernó Adriano, también hispano. Él mandó construir el famoso muro de Adriano en Britania, para proteger la provincia de Britania de los ataques de los salvajes de Caledonia (hoy, Escocia). 

Antonino Pío fue el siguiente emperador. Él promovió las artes y las ciencias, y construyó en Britania otro muro. Marco Aurelio, su sucesor, fue el último de los cinco buenos emperadores. Además de emperador de Roma fue filósofo. Contra sus tendencias naturales (él hubiera preferido dedicarse en exclusiva a la lectura y el estudio) tuvo que pasar mucho tiempo en el norte, combatiendo a los germanos. Cuando murió, el año 180, fue proclamado emperador su hijo Cómodo, quien resultó ser un loco, como Calígula, y que acabó como él.

El siguiente emperador importante fue Septimio Severo, que gobernó entre el 193 y el 211. Combatió y venció a los persas, enemigos de Roma en Asia. Reforzó el muro de Adriano y combatió la corrupción en la política. Le sucedió su hijo Caracalla, que extendió la ciudadanía romana a todos los hombres libres de las provincias y que mandó construir unas gigantescas termas (baños públicos) en la capital del imperio. Heliogábalo gobernó después, y resultó ser otro loco, que murió, como Calígula y Cómodo, asesinado. Alejandro Severo fue el último de esta dinastía de los Severos. Combatió a los persas, y murió asesinado por sus soldados.

Tras el asesinato de Alejandro Severo en 235 comenzó un periodo de unos 50 años llamado "crisis del siglo III" o "anarquía militar", en la que, en tan breve tiempo, gobernaron unos 26 emperadores. Roma perdió territorios al este y al oeste, y los emperadores eran elegidos directamente por los soldados, sin que el Senado tuviera voz ni voto. El cargo llegó (nunca Roma cayó más bajo) a venderse al mejor postor. 

El primer emperador de esta etapa fue Maximino el Tracio. Fue el primer emperador de orígen bárbaro, era un gigante de 2'59 metros y fuerza prodigiosaque fue elegido por los asesinos de Alejandro Severo. Maximiano despreció al Senado y nunca puso el pie en la ciudad de Roma. 

Bajo el reinado de Filipo el Árabe, en 247, se celebraron los mil años de Roma, el milenio transcurrido desde su fundación. Tras Filipo gobernó brevemente Decio. Él persiguió a los cristianos y combatió a los godos, que saqueaban las provincias de Mesia y Tracia. Pero los godos le vencieron y mataron, Decio fue el primer emperador fallecido en combate.

Tras Decio gobernó Valeriano. En su época los germanos saquearon Galia, llegando hasta Hispania incluso. Un general, Póstumo, creó un Estado independiente en Galia, el Imperio Galo. Valeriano persiguió, como Decio, a los cristianos, y combatió a los persas, que le hicieron prisionero y le ejecutaron en el año 260. 

Claudio II, llamado Gótico, venció a los alamanes y a los godos. Empezó la recuperación de Roma, que continuó su sucesor, Aureliano, que derrotó a los alamanes, a los godos y a los vándalos, y reconquistó para Roma los territorios perdidos en años anteriores: el Imperio Galo al oeste y el Imperio de Palmira al este. También decidió que Roma abandonara Dacia, conquistada por Trajano un siglo y medio antes. 

Tras Aureliano gobernaron una serie de breves emperadores, hasta que uno, Diocleciano, proclamado en 284, logró hacerse fuerte y terminar con la inestabilidad definitivamente. Hablaremos de él y de sus sucesores en el siguiente artículo.

-JAPM-


Historia de Roma II: Imperio (hasta la muerte de Domiciano)


Dijimos que en el año 27 antes de Cristo Octavio Augusto se convirtió en el primer emperador. En realidad la república, en teoría, seguía existiendo: seguían existiendo el Senado, los cónsules, los tribunos, todas las instituciones republicanas. Lo que hizo Octavio fue, simplemente, colocarse a la cabeza de todo ello, como una especie de supremo supervisor, para evitar el regreso de las luchas políticas y la anarquía de los últimos tiempos de la república. Octavio, pues, logró traer el orden a Roma. Este artículo está ilustrado con una escultura que le representa, el "Augusto de Prima Porta". Intentó conquistar Germania (Alemania), pero fracasó. A raíz de ello la frontera norte de Roma quedó establecida en la línea que forman los ríos Rhin y Danubio. En tiempos de Octavio Augusto nació en Palestina Jesucristo, aunque el hecho pasó totalmente inadvertido. Tras unos cuarenta años de ostentar el poder Octavio falleció el año 14 después de Cristo.

Le sucedió Tiberio. A éste, a su vez, le sucedió Calígula, un loco a quien los romanos aborrecieron hasta el punto de llegar a matarle.

Tras Calígula gobernó Claudio, en cuya época Roma conquistó casi toda la isla de Britania (que ahora conocemos como Gran Bretaña). Tras Claudio gobernó Nerón, en cuya época un terrible incendio destruyó la ciudad de Roma. De dicho incendio fue culpada, al parecer injustamente, la nueva comunidad de los cristianos. Con Nerón acabó la dinastía Julio-Claudia, en el año 68.

El año siguiente, el 69, es conocido como "el año de los cuatro emperadores", pues lo empezó Galba, lo siguieron Otón y Vitelio y lo terminó Vespasiano, el fundador de una nueva dinastía, la Flavia.

Los emperadores Flavios fueron tres: Vespasiano, Tito y Domiciano. En sus tiempos se construyó el famoso anfiteatro llamado Coliseo, también hubo una revuelta judía en Jerusalén que fue severamente reprimida, y la erupción del volcán Vesubio, que destruyó las ciudades de Pompeya y Herculano. Con la muerte de Domiciano en el año 96 acabó la dinastía de los Flavios.

-JAPM-

Historia de Roma I: Monarquía y República


No es fácil saber cuándo se fundó Roma. Cuando los romanos empezaron a preguntarse sobre los orígenes de su propia ciudad decidieron que había sido fundada por Rómulo, su primer rey, descendiente de Eneas, héroe de la guerra de Troya, en el año 753 antes de Cristo. En realidad no se sabe en qué año exacto se fundó, y tampoco sabemos cuánto de real y cuánto de legendarios tienen los personajes de Eneas o de Rómulo. 

En todo caso parece que en los primeros tiempos de Roma la ciudad-Estado estuvo regida por reyes. La tradición dice que fueron siete, hasta que los romanos expulsaron al último, Tarquino el Soberbio, en el año 509 antes de Cristo. Entonces los romanos fundaron un régimen republicano, en el que dos magistrados elegidos llamados "cónsules" ostentaban el poder supremo durante un año. Los cónsules eran elegidos de entre los ciudadanos más ricos de Roma, o "patricios". Los pobres estuvieron reclamando tener también representantes y al final lo lograron: los representantes de los pobres o "plebeyos" en el Senado se llamaron tribunos. El tribuno del pueblo, o de la plebe, como los cónsules, tenía mucho poder, y su figura debía de ser respetada.

Roma al principio ocupaba muy poco espacio. Con el crecimiento de la población cada vez necesitaron más tierras de cultivo y las lograban venciendo a sus vecinos e incorporándolos al Estado. Lo cual creaba nuevas necesidades de terreno que se solucionaban con nuevas conquistas. Así fueron vencidos los etruscos, los volscos o los samnitas, pueblos que como los romanos vivían en la península italiana. Al final Roma dominó toda la península. Llegó un momento en que chocó contra su primer gran enemigo no itálico: Carthago. Carthago era una ciudad-Estado, como Roma, pero situada en el norte de África. Roma y Carthago chocaron por el dominio de Sicilia y de España (entonces llamada Hispania) en las llamadas guerras púnicas (del 264 antes de Cristo al 146 antes de Cristo). Al final el gran general cartaginés Anibal fue derrotado y Roma se convirtió en la gran potencia dominadora del occidente del Mediterráneo. 

Tras la derrota de Carthago vino una época de inestabilidad: los políticos representantes de los plebeyos y los de los patricios empezaron a luchar por dominar Roma. Se sucedieron dictadores: Sila, Mario... Al final Julio César, un representante del partido del pueblo, logró ser proclamado dictador. César conquistó para Roma la Galia, la tierra que hoy llamamos Francia. Pero César fue asesinado en el año 44 antes de Cristo por un grupo de senadores que temían que César, que ya tenía mucho poder, quisiera aún más y acabara proclamándose rey. En la foto que ilustra este artículo Marco Antonio, amigo de César (interpretado aquí por el actor Marlon Brando), se dispone a mostrar a los romanos el cuerpo de César.

La muerte de César originó una guerra entre sus asesinos y los amigos de César, que éstos acabaron ganando. De esta guerra surgió como nuevo hombre poderoso Octavio, hijo de una sobrina de César. En el año 27 antes de Cristo, habiendo vencido a todos sus enemigos, Octavio añadió a su nombre el de Augusto, un nombre hasta ese momento reservado al dios Júpiter. Octavio Augusto fue el primer Augusto, el primer emperador de Roma. Empezaba así una nueva etapa, que trataremos en el próximo capítulo. 

-JAPM-


lunes, 18 de julio de 2016

Un poco de Historia


El Rey Felipe IV tuvo siete hijos de su primer matrimonio, cinco hijos de su segundo matrimonio (entre estos, Carlos II, el siguiente Rey de España) y unos treinta hijos ilegítimos. Fue, seguramente, el rey de España que más hijos tuvo (más de cuarenta, se dice pronto). Sin embargo su hijo Carlos II no logró tener ninguno. La continuidad de la línea dinástica se salvó gracias a María Teresa, hija de Felipe IV y hermana por tanto de Carlos II, que casó con Luis XIV, Rey de Francia. De este matrimonio nació Luis, llamado el Gran Delfín, padre a su vez de Felipe V, el primer Rey de España de la Casa de Borbón. Felipe V tuvo que combatir por el trono, pues los parientes austriacos de Carlos II alegaron derechos. Fue la llamada "guerra de sucesión", una guerra civil española a principios del siglo XVIII a la vez que guerra europea (Francia contra Austria). El apoyo inglés a sus pretensiones lo pagó Felipe V cediendo Gibraltar y Menorca a Gran Bretaña. Menorca la recuperamos luego, Gibraltar, como es sabido, no.


 Retrato de Felipe IV, por Velázquez


Retrato de Carlos II, por Juan Carreño de Miranda


 Retrato de María Teresa de Austria, por Velázquez


Retrato de Luis XIV de Francia, por Hyacinthe Rigaud

Retrato de Luis, el Gran Delfín, por Hyacinthe Rigaud

Retrato de Felipe V, por Louis Michel Van Loo

Un poema de Miguel Floriano


Miguel Floriano es ya un gran poeta, pese a su juventud (nació en 1992). Su lenguaje es claro pero trabajado, como un diamante de pulidas facetas. El siguiente poema pertenece a su más reciente poemario, Claudicaciones, publicado hace pocas semanas por la editorial Renacimiento. 


CONTRAPICADO


Cuando te quitas el vestido azul de seda
desnudas nuestro baile y una música
de timbales frenéticos comienza,
orgullosa Minerva cotidiana.
El fantasma que fui pierde su nombre
cuando las yemas de tus dedos
emulan en mi espalda la implacable marcha
de los jinetes de Escipión sobre Cartago.
Porque hay más deleite en el prodigio
de ser mirada en ti, de estar absorto
en este tiempo sin presencia
que en acudir al mundo irreverente,
porque todos ignoran que ya soy más sabio
cuando en una estocada prodigiosa
me abres en el hombro una herida heroica,
y su ardor sin usura la razón ajusticia.
Ámame sin descanso, deja que arda
la torre de mi cuerpo mientras otros
navíos se encaminan, sin gobierno,
hacia los fondeaderos del hastío, 
que yo pregonaré nuestra victoria a tu partida,
que yo coronaré nuestra conquista
con voz amada y verso amante.

(c) Miguel Floriano Traseira


viernes, 15 de julio de 2016

De libros de la Francia


Amo mi biblioteca. En mi casa no hay joyas ni dinero, sólo libros. Las mejores mentes de Occidente están en mis estanterías. Y, por supuesto, entre ellos, los franceses: los poetas (Apollinaire, Rimbaud, Baudelaire, El cementerio marino de Válery, Lautréamont, Jouve, Pierre Louys), El principito de Saint-Exúpery, las Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, Voltaire (su Tratado sobre la tolerancia, su Filosofía de la Historia), varias ediciones de Montaigne (incluida una de 1917 de la legendaria editorial Calleja), el libro sobre la decadencia y ruina del imperio romano que escribió Montesquieu, algunas obras del filósofo ateo y hedonista Michel Onfray, las memorias de Napoleón, la Description de l'Egypte (el libro, de hermosísimas láminas, que inauguró la ciencia de la egiptología, yo lo tengo en una preciosa edición de Taschen), Chateaubriand... 

Para aquellos que creen que los países han de regirse por su único libro, el Corán, la prolijidad de libros de la Francia y su secular laicismo son una ofensa, un crímen. Para mí, un motivo poderoso para amar ese país. También lo creyeron otros no franceses: el austríaco Zweig, que dedicó libros a Fouché o a María Antonieta, o mi maestro Álvarez, que le dedicó uno a Talleyrand, y que tiene casa en París. O el rumano Cioran, que se hizo francés y que en Sobre Francia escribió, entre otras cosas, esto:

Francia es Nuestra Señora de París reflejada en el Sena: una catedral que rechaza el cielo.


lunes, 11 de julio de 2016

Ragnarök 1: El último dios en pie



He leído "El último dios en pie", el tomo que recopila los primeros 6 números americanos de Ragnarök, la nueva serie del maestro Walter Simonson. Simonson se hizo famoso por los números que en los 80 hizo para la serie de Thor, de Marvel. Con Ragnarök vuelve a la mitología nórdica, vuelve a Thor, pero esta vez el enfoque es diferente, más oscuro y desesperanzado. Cuando empieza la serie el Ragnarök (el apocalipsis nórdico) ha ocurrido. Los dioses de Asgard han muerto, y la luna y el sol han desaparecido. En su lugar hay un contínuo crepúsculo, y toda la historia es así, como un western crepuscular, como la historia de un vaquero que volviera a casa y encontrara a su familia asesinada por los indios. Ha ocurrido el Ragnarök, pues, y los enemigos de los dioses viven. Thor es el único dios en pie, como dice el título, aunque convertido en una especie de zombie. Estos primeros números de la serie narran el inicio de su cruzada para lograr vengarse de los asesinos de los dioses, en especial de Surtur. No hay nadie que logre crear relatos inspirados en antiguos mitos como lo hace Simonson, él logra darles nuevos enfoques sumamente atractivos. Se nota que conoce mucho los mitos nórdicos, que los ama, y que disfruta jugando con ellos. Y a nosotros, sus fans, nos encanta verle jugar. En lo referente al dibujo hay que decir que el arte de Simonson no ha empeorado con la edad, sino que sigue igual de espectacular que siempre.

jueves, 7 de julio de 2016

Mi biblioteca, II


Escribió Thomas Carlyle: "la verdadera universidad es hoy una buena colección de libros". Creo que he conseguido reunir una excelente colección. Siguiendo el repaso pasamos al comedor de mi casa, donde hemos hecho unas estanterías de obra. 


En éstas tengo, por ejemplo, varias obras de Ricardo Menéndez Salmón; "La ridícula idea de no volver a verte", de Rosa Montero; la Historia de Venecia de John Julius Norwich; la Historia de Londres de Peter Ackroyd; "Olvidado rey Gudú", de Ana María Matute; el "Erotica Universalis" de Taschen; catálogos de exposiciones y museos; varias obras de Arturo Pérez- Reverte; la Ilíada y la Odisea; el Quijote y las Mil y una noches.


En éstas tengo, entre otras obras, los evangelios apócrifos; "Bearn", de Lorenzo Villalonga; la autobiografía de Tony Leblanc; "La decadencia de Occidente", de Spengler; la Historia del Arte en la Antigüedad de Winckelmann; "El hereje" de Delibes; "Los mitos griegos" de Robert Graves; la Historia de la Filosofía de Bertrand Russell; una estantería entera dedicada a JRR Tolkien; "La historia interminable" de Michael Ende; "La muerte de Arturo" de Thomas Malory (ilustrada por Aubrey Beardsley); un álbum de cromos de 1932; y un portafolio con facsímiles de documentos del archivo municipal de Cartagena.

50 libros que deberían de estar en todas las bibliotecas


NARRATIVA

1- Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez
2- El aleph, de Jorge Luis Borges
3- El hereje, de Miguel Delibes
4- Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes
5- No digas que fue un sueño, de Terenci Moix
6- Estudio en escarlata, de Arthur Conan Doyle
7- Frankenstein, de Mary W. Shelley
8- La muerte de Arturo, de Thomas Malory
9- La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson
10- Lolita, de Vladimir Nabokov
11- Matar a un ruiseñor, de Harper Lee
12- Las mil y una noches
13- La metamorfosis, de Franz Kafka
14- Moby Dick, de Herman Melville
15- Narraciones extraordinarias, de Edgar Allan Poe
16- El nombre de la rosa, de Umberto Eco
17- Olvidado rey Gudú, de Ana María Matute
18- El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde
19- Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar
20- Niños en el tiempo, de Ricardo Menéndez Salmón
21- La rebelión de Atlas, de Ayn Rand
22- El imperio de Yegorov, de Manuel Moyano
23- El libro de arena, de Jorge Luis Borges
24- Pregúntale al polvo, de John Fante
25- La conjura de los necios, de John Kennedy Toole

TEATRO

26- Hamlet, de William Shakespeare
27- Luces de bohemia, de Ramón María del Valle Inclán
28- Macbeth, de William Shakespeare

POESÍA Y PROSA POÉTICA

29- Hojas de hierba, de Walt Whitman
30- El río de sombra, de Antonio Colinas
31- La Odisea, de Homero
32- Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda
33- Poesías completas, de Antonio Machado
34- Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca
35- El principito, de Antoine de Saint-Exupéry
36- Poesías completas, de Constantino Cavafis
37- La Ilíada, de Homero
38- La realidad y el deseo, de Luis Cernuda
39- Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique
40- La alucinación de Gylfi, de Snorri Sturlusson
41- Gilgamesh
42- Poesías completas, de San Juan de la Cruz
43- Museo de cera, de José María Álvarez

ENSAYO, AFORISMOS, REFLEXIONES

44- El mundo de ayer, de Stefan Zweig
45- Meditaciones, de Marco Aurelio
46- El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa
47- Los héroes, de Thomas Carlyle
48- El diccionario del diablo, de Ambrose Bierce
49- Ensayos, de Michel de Montaigne
50- Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, de Edward Gibbon



miércoles, 6 de julio de 2016

Mi biblioteca, I


Iré poniendo fotos de mi biblioteca. Empiezo con el primer mueble con libros que uno encuentra al entrar en mi casa, se trata de un pequeño armario con un estante en donde guardo libros de pequeño formato. Habrá unos 100 libritos aquí, seguramente. 



Destaco algunos: El elogio de la sombra, de Tanizaki; La decadencia de la mentira, de Wilde; Sobre Francia, de Cioran; El país de los ciegos, de Wells; De Buonaparte y de los borbones, de Chateaubriand; La guerra de las salamandras, de Karel Çapek; Leer en el retrete, de Henry Miller; El pequeño Arquímedes, de Aldous Huxley; Cuentos de amor, de Hermann Hesse; y una edición de 1924 del poema nacional de Argentina, el Martín Fierro de José Hernández, que me regaló la poeta María Teresa Cervantes.


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